
LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE
El liderazgo comienza cuando dejas de preguntarte qué te sucederá y decides quién vas a ser frente a lo que te suceda
Hay decisiones que cambian una circunstancia. Otras cambian una vida.
Sin embargo, existe una decisión mucho más profunda que cualquier elección profesional, económica o personal: decidir quién quieres ser.
Esta decisión no consiste simplemente en establecer qué quieres conseguir, cuánto dinero deseas ganar, qué posición quieres ocupar o qué reconocimiento esperas recibir. Se trata de algo mucho más trascendente: determinar qué clase de persona estás dispuesto a convertirte para construir la vida que deseas y ejercer el liderazgo que aspiras a desarrollar.
El liderazgo auténtico no comienza cuando una organización te concede un cargo. Tampoco comienza cuando alguien te llama líder. Comienza mucho antes: en el momento silencioso en que una persona decide asumir responsabilidad sobre su vida.
Porque, en última instancia, nuestras circunstancias pueden influir en nosotros, pero nuestras decisiones terminan definiéndonos.
Y esa diferencia constituye uno de los fundamentos más poderosos del liderazgo.
La pregunta que puede cambiar tu vida
La mayoría de las personas se pregunta:
¿Qué quiero tener?
El líder se pregunta:
¿En quién necesito convertirme?
La primera pregunta está orientada hacia los resultados. La segunda está orientada hacia la identidad.
Queremos un mejor empleo, pero no siempre queremos convertirnos en profesionales más disciplinados.
Deseamos dirigir equipos, pero no siempre queremos desarrollar la capacidad de escuchar.
Anhelamos emprender, pero no siempre estamos dispuestos a asumir incertidumbre.
Buscamos libertad financiera, pero no necesariamente queremos desarrollar hábitos financieros responsables.
Queremos ser respetados, pero quizá todavía no hemos decidido vivir de acuerdo con principios que merezcan respeto.
Aquí aparece una de las grandes paradojas del desarrollo personal: muchas personas desean los resultados de una identidad que todavía no han decidido construir.
No puedes exigir resultados extraordinarios mientras continúas tomando decisiones ordinarias.
No puedes construir una vida diferente manteniendo exactamente los mismos patrones de pensamiento, conducta y decisión que construyeron tu situación actual.
Por eso, antes de preguntarte qué quieres lograr, deberías formularte una pregunta mucho más incómoda:
¿Quién estoy decidiendo ser con las decisiones que tomo cada día?
Cuando perderlo todo no significó convertirse en un perdedor
Una de las historias más conocidas del mundo empresarial es la de Steve Jobs, cofundador de Apple.
Pero detrás de su éxito existe una etapa que contiene una poderosa lección sobre liderazgo y decisión.
En 1985, Jobs fue apartado de Apple, la compañía que había ayudado a construir. Tenía poco más de treinta años y se encontraba, aparentemente, en una posición privilegiada: había contribuido a crear una de las empresas tecnológicas más importantes de su época.
Y, de repente, dejó de formar parte de ella.
Imagina la dimensión psicológica de aquella situación.
Una persona puede interpretar un acontecimiento semejante de dos maneras.
La primera sería:
“Me han derrotado.”
La segunda:
“Esto ha ocurrido. Ahora debo decidir qué voy a hacer con ello.”
Jobs eligió la segunda.
En lugar de retirarse definitivamente, continuó trabajando. Fundó NeXT y adquirió la compañía de animación que posteriormente se convertiría en Pixar. Años después, Apple adquirió NeXT, y Jobs regresó a la compañía.
Pixar, por su parte, se convirtió en una de las compañías cinematográficas más influyentes de la animación moderna.
La importancia de esta historia no está únicamente en que Jobs regresara a Apple.
La verdadera enseñanza está en lo que ocurrió entre la caída y el regreso.
Jobs decidió que perder una posición no significaba perder su identidad.
En su célebre discurso en Stanford en 2005, describió aquel período de su vida como una experiencia dolorosa, pero también como una etapa que terminó conectando acontecimientos que en aquel momento parecían no tener sentido.
La lección es extraordinaria:
Una circunstancia puede cambiar tu posición sin tener el poder de determinar quién eres.
Te pueden despedir, Puedes fracasar. Puedes perder dinero, Puede terminar una relación, Puede fracasar un proyecto, Puede equivocarse una decisión, Puede cerrarse una puerta. Pero todavía queda una pregunta que nadie puede responder por ti:
¿Quién vas a decidir ser ahora?
El liderazgo comienza con responsabilidad
Uno de los errores más frecuentes al hablar de liderazgo consiste en pensar que liderar significa controlar.
NO.
Liderar comienza por asumir responsabilidad.
La persona que constantemente atribuye su situación a otras personas, al mercado, a su jefe, a su familia, a la economía, a la falta de oportunidades o a su pasado está entregando una parte importante de su poder personal.
Esto no significa negar que existan circunstancias injustas o dificultades reales.
Significa comprender que existe una diferencia entre lo que sucede y la respuesta que elegimos dar a lo que sucede.
El verdadero liderazgo nace precisamente en ese espacio.
Puedes no controlar la situación. Pero puedes trabajar sobre tu respuesta. Puedes no controlar la opinión de los demás. Pero puedes decidir actuar de acuerdo con tus principios. Puedes no controlar el resultado inmediato. Pero puedes controlar tu preparación. Puedes no controlar el pasado. Pero puedes decidir qué significado tendrá el pasado en tu futuro.
Por eso, una persona comienza a liderarse cuando deja de decir:
“¿Por qué me pasa esto?”
y empieza a preguntarse:
“¿Qué decisión puedo tomar ahora?”
Tu identidad se construye con decisiones pequeñas
Las grandes transformaciones rara vez comienzan con grandes acontecimientos.
Comienzan con pequeñas decisiones repetidas.
Decidir levantarte cuando no tienes ganas.
Decidir estudiar cuando nadie te obliga.
Decidir decir la verdad cuando mentir sería más conveniente.
Decidir cumplir tu palabra.
Decidir escuchar antes de responder.
Decidir prepararte antes de exigir oportunidades.
Decidir aprender de una crítica en lugar de convertirla en una ofensa.
Decidir terminar lo que comenzaste.
Decidir pedir perdón.
Decidir comenzar nuevamente.
Cada una de estas decisiones parece pequeña.
Pero juntas construyen algo gigantesco:
tu carácter.
Y el carácter determina la calidad de tu liderazgo.
Por eso no deberías preguntarte solamente qué estás haciendo.
Pregúntate:
¿Qué está haciendo esto conmigo?
Porque cada decisión no solamente produce un resultado externo.
También produce una versión determinada de ti mismo.
Cuando eliges disciplina, te conviertes en una persona más disciplinada.
Cuando eliges responsabilidad, fortaleces tu responsabilidad.
Cuando eliges constantemente la comodidad, entrenas tu dependencia de la comodidad.
Cuando eliges postergar, te conviertes en alguien que posterga.
Cuando eliges enfrentar tus miedos, desarrollas valentía.
Tus decisiones no solamente construyen tu futuro. También construyen a la persona que llegará a ese futuro.
No decidas solamente qué quieres alcanzar. Decide quién quieres ser.
Esta es quizá una de las preguntas más importantes que una persona puede hacerse:
¿Quién quiero ser dentro de cinco años?
No solamente:
“¿Cuánto quiero ganar?”
Sino:
“¿Qué clase de profesional quiero ser?”
No solamente:
“¿Qué posición quiero ocupar?”
Sino:
“¿Qué clase de líder quiero ser cuando llegue a esa posición?”
No solamente:
“¿Qué empresa quiero construir?”
Sino:
“¿Qué clase de empresario quiero ser?”
No solamente:
“¿Quiero tener éxito?”
Sino:
“¿Qué significa para mí tener éxito sin perder aquello que considero esencial?”
Porque existe un peligro que pocas veces se menciona: alcanzar un objetivo y descubrir que para conseguirlo te convertiste en alguien que nunca quisiste ser.
El liderazgo verdadero no consiste en llegar a la cima a cualquier precio.
Consiste en llegar a la cima sin perder tus principios en el camino.
Las decisiones difíciles revelan quién eres
Es fácil hablar de valores cuando no existe presión.
Es fácil decir que somos disciplinados cuando todo marcha bien.
Es fácil afirmar que somos honestos cuando decir la verdad no nos cuesta nada.
Pero el carácter aparece cuando la decisión tiene un precio.
Cuando decir la verdad puede perjudicarte.
Cuando hacer lo correcto puede hacerte perder una oportunidad.
Cuando mantener tu palabra resulta incómodo.
Cuando tienes que elegir entre el camino fácil y el camino correcto.
Ahí aparece el verdadero liderazgo.
Porque los valores que solamente funcionan cuando son convenientes no son realmente valores; son preferencias.
El líder necesita desarrollar una estructura interna suficientemente sólida para tomar decisiones coherentes incluso bajo presión.
Esto requiere autoconocimiento.
Requiere disciplina.
Requiere visión.
Y, sobre todo, requiere una identidad definida.
El peligro de vivir sin decidir
Existe otra posibilidad mucho más peligrosa que tomar una mala decisión:
no decidir.
La indecisión prolongada también es una decisión.
Cuando no decides qué quieres hacer con tu vida, las circunstancias comienzan a decidir por ti.
Cuando no decides qué principios dirigirán tu conducta, el entorno los decide.
Cuando no decides qué hábitos desarrollarás, tus impulsos los desarrollan por ti.
Cuando no decides qué tipo de líder quieres ser, tu posición, tu ego o las expectativas de otras personas terminan definiéndote.
Por eso, vivir sin una decisión consciente sobre quién quieres ser puede convertirte, lentamente, en alguien diseñado por las circunstancias.
Y un líder no puede permitirse vivir de esa manera.
El liderazgo exige intencionalidad.
DECIDE QUIÉN QUIERES SER
Tal vez hoy no puedas cambiar toda tu vida.
Pero probablemente puedas cambiar una decisión.
Y una decisión puede iniciar una cadena de acontecimientos que transforme tu futuro.
Decide ser disciplinado.
Decide ser responsable.
Decide aprender.
Decide escuchar.
Decide actuar.
Decide terminar.
Decide comenzar.
Decide levantarte.
Decide servir.
Decide liderar.
Pero, sobre todo:
Decide quién quieres ser.
Después, permite que tus decisiones diarias sean coherentes con esa persona.
Si dices que quieres ser un líder, actúa como uno cuando nadie esté observando.
Si dices que quieres ser disciplinado, demuestra disciplina cuando desaparezca la motivación.
Si dices que quieres construir algo extraordinario, acepta hacer durante años aquello que otros solamente están dispuestos a hacer durante semanas.
Si dices que quieres transformar tu vida, empieza por transformar tus decisiones.
Porque la grandeza no aparece de repente.
Se construye.
Decisión tras decisión.
Día tras día.
Una pregunta para cerrar
Imagina que dentro de diez años puedes encontrarte con la persona que eres hoy.
Esa versión futura de ti te mira directamente y te pregunta:
“¿Qué hiciste con las oportunidades que tenías?”
¿Qué responderías?
¿Que esperaste?
¿Que tuviste miedo?
¿Que las circunstancias no fueron favorables?
¿Que alguien no creyó en ti?
¿O podrías responder:
“Decidí quién quería ser y comencé a actuar de acuerdo con esa decisión.”
Quizá no podamos controlar completamente dónde estaremos dentro de diez años.
Pero podemos comenzar hoy a decidir quién será la persona que llegará allí.
Ese es el verdadero comienzo del liderazgo.
No cuando recibes un cargo.
No cuando alguien te reconoce.
No cuando alcanzas una posición.
Comienza cuando tomas responsabilidad por la persona en la que te estás convirtiendo.
Porque al final, tu vida será en gran medida el resultado acumulado de las decisiones que hayas tomado.
Y entre todas ellas habrá una que dará dirección a las demás:
DECIDE QUIÉN QUIERES SER.
Tu futuro no necesita solamente una meta. Necesita una identidad capaz de alcanzarla.