
Una revisión histórica, bíblica y política de las doce tribus hasta el Estado de 1948
Por: Jose M Suazo / Escritor
Introducción: dos realidades que no debemos confundir
Cuando hablamos de Israel, es necesario establecer una distinción fundamental: no es lo mismo hablar del Israel bíblico que del Estado de Israel constituido en 1948.
En el lenguaje religioso, Israel representa al pueblo de la alianza, descendiente de Jacob, cuyos hijos dieron origen a las doce tribus. En el lenguaje político contemporáneo, Israel es un Estado moderno, con instituciones, fronteras, ciudadanía, ejército y un sistema de gobierno propio.
Aunque existe una relación histórica, cultural y ancestral entre el pueblo judío contemporáneo y el antiguo Israel, no podemos identificar automáticamente ambas realidades como si fueran exactamente la misma organización tribal, política y religiosa que aparece en las Escrituras.
La historia bíblica muestra transformaciones profundas: doce tribus, una monarquía unificada, dos reinos enfrentados, deportaciones asirias, exilio babilónico, restauración bajo dominio persa, destrucción romana y, muchos siglos después, la constitución de un Estado moderno.
Comprender esta cronología es indispensable para interpretar correctamente las Escrituras y evitar que las convicciones religiosas se conviertan en argumentos políticos sin fundamento histórico.
1. El origen: las doce tribus de Israel
El nombre Israel aparece en las Escrituras relacionado con Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham.
Génesis 32:28 recoge el momento en que Dios le cambia el nombre:
«No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido».
Jacob tuvo doce hijos, cuyos descendientes constituyeron las doce tribus de Israel.
Estas fueron:
- Rubén.
- Simeón.
- Leví.
- Judá.
- Dan.
- Neftalí.
- Gad.
- Aser.
- Isacar.
- Zabulón.
- José.
- Benjamín.
Es importante señalar que, en las listas territoriales, José aparece representado frecuentemente por sus dos hijos, Efraín y Manasés. Por eso, la tribu de Leví, que no recibió una heredad territorial ordinaria, y las divisiones territoriales pueden hacer que las listas varíen.
La identidad de Israel estaba fundamentada en una genealogía, una alianza religiosa y una organización tribal.
Éxodo 19:5-6 recoge las palabras de Dios:
«Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos».
Israel no era simplemente una nación con territorio. Era un pueblo cuya identidad estaba vinculada a una alianza religiosa.
2. Dios no quería que Israel dependiera de un rey como las demás naciones
Durante el período de los jueces, Israel no tenía una monarquía centralizada como los pueblos vecinos.
Su gobierno estaba fundamentado en la autoridad divina, aunque existían jueces y dirigentes que ejercían funciones de liderazgo.
Sin embargo, el pueblo comenzó a exigir un rey.
En 1 Samuel 8:5, los ancianos dijeron a Samuel:
«Constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones».
La respuesta divina es particularmente significativa.
1 Samuel 8:7 dice:
«No te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos».
El problema no era simplemente la existencia de una institución monárquica, sino la motivación del pueblo: quería imitar el modelo político de otras naciones.
Dios permitió que tuvieran un rey, pero advirtió sobre las consecuencias del poder monárquico: impuestos, apropiación de tierras, reclutamiento militar y servidumbre (1 Samuel 8:10-18).
Saúl fue el primer rey. Después llegaron David y Salomón.
Con David, Jerusalén se convirtió en el centro político y religioso del reino. Salomón construyó el primer templo, consolidando la importancia religiosa de la ciudad.
Sin embargo, después de la muerte de Salomón, el reino entraría en una de sus mayores crisis.
3. La división del reino: Israel deja de ser una monarquía unificada
Aproximadamente en el 930 a. C., después de la muerte de Salomón, las tensiones políticas y tributarias provocaron la división del reino.
El relato aparece en 1 Reyes 12.
Diez tribus del norte rechazaron el gobierno de Roboam, hijo de Salomón, y establecieron un reino independiente bajo Jeroboam.
De esta manera surgieron dos entidades políticas:
El reino del norte: Israel
- Diez tribus.
- Capital inicialmente en Siquem y posteriormente en Samaria.
- Diferentes dinastías y reyes.
- Su propia estructura religiosa y política.
El reino del sur: Judá
- Principalmente las tribus de Judá y Benjamín.
- Jerusalén como capital.
- Continuidad de la dinastía davídica.
- El templo de Jerusalén como centro religioso.
La tribu de Leví merece una consideración especial, porque sus miembros estaban distribuidos entre distintas ciudades y su identificación religiosa no quedó limitada a uno de los dos reinos.
Por tanto, no debemos interpretar la división como si las doce tribus hubieran desaparecido de un día para otro. Lo que desapareció fue la unidad política de la monarquía.
4. El año 722 a. C.: la caída del reino del norte
Uno de los acontecimientos más importantes de esta cronología ocurrió aproximadamente en el año 722 a. C.
El Imperio asirio conquistó Samaria y puso fin al reino independiente del norte.
La Biblia recoge este acontecimiento en 2 Reyes 17:5-6:
«El rey de Asiria invadió todo el país, y sitió a Samaria, y estuvo sobre ella tres años. En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó a Samaria, y llevó a Israel cautivo a Asiria».
Los asirios aplicaron una política imperial de deportaciones y reasentamientos poblacionales. Parte de los habitantes del antiguo reino fue trasladada a otras regiones del imperio, mientras que grupos procedentes de otros territorios fueron establecidos en Samaria.
2 Reyes 17:24 describe la llegada de poblaciones extranjeras procedentes de Babilonia, Cuta, Ava, Hamat y Sefarvaim.
Este proceso transformó profundamente la composición demográfica y religiosa de la región.
Sin embargo, hay una precisión histórica importante: no todos los habitantes del reino del norte fueron deportados. La investigación arqueológica e histórica encuentra evidencias de continuidad de población israelita en la región.
Por eso, la expresión «las diez tribus perdidas» es una denominación tradicional, pero no significa que toda la población de esas tribus desapareciera físicamente.
El reino del norte dejó de existir como Estado independiente, pero sus descendientes no desaparecieron necesariamente de la historia.
5. El reino del sur y la consolidación de Judá
Después de la caída del reino del norte, el reino de Judá continuó existiendo durante aproximadamente otro siglo y medio.
Su población estaba vinculada principalmente a Judá y Benjamín, además de los levitas y otros grupos que se habían incorporado a la comunidad del sur.
La identidad judía fue consolidándose alrededor de Jerusalén, la dinastía davídica, la Ley y el templo.
Esto explica por qué el término judío terminó adquiriendo una dimensión religiosa y étnica más amplia que la referencia estricta a la antigua tribu de Judá.
El nombre procede de Judá, pero no debemos confundir la identidad judía posterior con la pertenencia exclusiva a una sola tribu.
6. El exilio babilónico: 605, 597 y 586 a. C.
El reino de Judá tampoco logró mantenerse independiente.
Babilonia, bajo el reinado de Nabucodonosor II, sometió progresivamente a Jerusalén.
La cronología de las deportaciones suele reconstruirse de la siguiente manera:
605 a. C. aproximadamente: después de la batalla de Carquemis, Babilonia consolidó su dominio regional. El libro de Daniel sitúa en este contexto la llegada de jóvenes de la nobleza a Babilonia (Daniel 1:1-6), aunque la cronología exacta de ese episodio es objeto de discusión histórica.
597 a. C.: Jerusalén fue conquistada y el rey Joaquín, junto con miembros de la élite, artesanos y otros habitantes, fue deportado a Babilonia (2 Reyes 24:10-16).
586 a. C.: después de una nueva rebelión, Nabucodonosor destruyó Jerusalén y el primer templo. Una parte importante de la población fue deportada (2 Reyes 25:8-12).
Este último acontecimiento representó una catástrofe para la identidad nacional y religiosa de Judá.
El templo había sido destruido. La monarquía davídica había perdido su poder político. Una parte considerable de la población vivía en el exilio.
Sin embargo, la identidad religiosa sobrevivió.
El exilio fue un acontecimiento decisivo en la formación del judaísmo posterior.
7. El regreso: Zorobabel, Esdras y Nehemías
El dominio babilónico terminó cuando el Imperio persa conquistó Babilonia en el año 539 a. C.
El rey Ciro permitió el retorno de grupos de exiliados a Judá.
Esdras 1:2-3 recoge el decreto que autorizaba la reconstrucción del templo de Jerusalén.
Tres figuras destacan en el proceso de restauración:
Zorobabel: encabezó una primera etapa del retorno y participó en la reconstrucción del templo.
Esdras: fue sacerdote y escriba, y desempeñó un papel fundamental en la enseñanza de la Ley y la reorganización religiosa de la comunidad.
Nehemías: dirigió la reconstrucción de las murallas de Jerusalén y participó en la reorganización social y administrativa de la ciudad.
Es necesario distinguir dos fechas:
- 516-515 a. C.: finalización del segundo templo, durante el reinado de Darío I (Esdras 6:15).
- Aproximadamente 445-444 a. C.: reconstrucción de las murallas de Jerusalén bajo Nehemías (Nehemías 6:15).
No corresponde situar ambos acontecimientos en el año 408 a. C.
Lo importante es comprender que el pueblo que regresó del exilio no reconstruyó exactamente la antigua organización de las doce tribus. Surgió una comunidad restaurada cuya identidad estaba especialmente vinculada a Judá, Jerusalén, el templo y la Ley.
8. ¿Qué Israel existía en tiempos de Jesucristo?
Cuando llegamos al siglo I, encontramos una realidad histórica muy diferente de la antigua confederación de doce tribus.
En tiempos de Jesús, la región estaba bajo dominio romano y existían distintas denominaciones territoriales:
- Judea.
- Galilea.
- Samaria.
- Perea y otros territorios circundantes.
La población judía ya no estaba organizada políticamente como las doce tribus de la época de la conquista de Canaán.
La identidad judía se había consolidado a través de siglos de transformaciones históricas, exilios, retornos y desarrollos religiosos.
Jesús nació en el contexto de esa realidad.
El templo de Jerusalén era el centro de la vida religiosa judía. Existían fariseos, saduceos, esenios y otros grupos con distintas interpretaciones de la tradición religiosa.
Por tanto, afirmar que en tiempos de Jesús solamente existía la tribu de Judá sería históricamente impreciso. Lo correcto es decir que la antigua organización tribal había dejado de funcionar como estructura política y que la comunidad judía estaba formada por poblaciones de diferentes antecedentes genealógicos.
9. El año 70 d. C.: Roma destruye Jerusalén y el segundo templo
En el año 66 d. C. comenzó una gran rebelión judía contra el dominio romano.
Roma respondió militarmente y, en el año 70 d. C., las tropas dirigidas por Tito conquistaron Jerusalén y destruyeron el segundo templo.
Este acontecimiento fue uno de los más trascendentales de la historia judía.
Jesús había anunciado la destrucción del templo en Mateo 24:1-2:
«De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada».
La destrucción del templo significó el final del sistema sacrificial centralizado en Jerusalén.
La vida religiosa judía tuvo que reorganizarse progresivamente alrededor de las sinagogas, la enseñanza de la Torá y las tradiciones rabínicas.
Pero aquí debemos hacer una distinción fundamental: el año 70 no significó el fin del pueblo judío.
Los judíos continuaron existiendo en Judea, Galilea y numerosas comunidades de la diáspora. La historia judía continuó durante siglos.
Por tanto, lo que terminó fue una etapa histórica y religiosa del judaísmo del segundo templo, no la existencia del pueblo judío.
10. El año 1947-1948: aparece el Estado moderno de Israel
Después de muchos siglos de historia, llegamos a un acontecimiento completamente diferente.
El movimiento sionista moderno surgió durante el siglo XIX, impulsando el establecimiento de un hogar nacional judío en Palestina.
El sionismo no nació en 1948 ni fue una creación de las Naciones Unidas. Fue un movimiento político y nacionalista que tuvo diferentes corrientes: algunas secularizadas, otras socialistas y otras religiosas.
El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 181, que recomendaba dividir el territorio bajo Mandato británico en dos Estados: uno judío y otro árabe, con un régimen internacional especial para Jerusalén.
La resolución no creó por sí misma el Estado de Israel.
El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión proclamó la independencia y el establecimiento del Estado de Israel.
Aquí aparece una distinción esencial:
El Israel bíblico era una comunidad histórica organizada alrededor de una identidad tribal, religiosa y de alianza.
El Israel de 1948 es un Estado moderno constituido mediante un proceso político, diplomático y militar en el contexto del final del Mandato británico y del conflicto entre las poblaciones judía y árabe de Palestina.
Ambas realidades tienen conexiones históricas, pero no son institucionalmente idénticas.
11. ¿Tiene el Estado moderno de Israel las doce tribus bíblicas?
Esta pregunta merece una reflexión particular.
El Estado moderno de Israel no está organizado según las doce tribus de Jacob.
No existe una estructura política basada en las antiguas divisiones territoriales de Rubén, Simeón, Leví, Judá, Benjamín y las demás tribus.
Tampoco existe un templo judío reconstruido en Jerusalén, ni funciona el antiguo sistema sacerdotal sacrificial del templo.
La sociedad israelí contemporánea está compuesta por ciudadanos de distintas procedencias, entre ellos judíos de comunidades europeas, norteafricanas, asiáticas y de Oriente Medio, además de ciudadanos árabes y otros grupos.
La identidad judía contemporánea tiene dimensiones religiosas, culturales, familiares, históricas y nacionales.
Por consiguiente, no es correcto afirmar que el Estado moderno sea una reproducción exacta del Israel de la Biblia.
Pero tampoco sería correcto afirmar que no existe continuidad histórica entre los judíos contemporáneos y el antiguo pueblo de Israel.
La historia demuestra que las comunidades judías conservaron una identidad colectiva, tradiciones, textos religiosos, vínculos culturales y una memoria histórica de Jerusalén y de la tierra de Israel durante siglos.
La continuidad existe, pero no equivale a una continuidad política o tribal intacta.
12. ¿Es el Estado moderno una autoridad religiosa o una entidad política?
El Estado de Israel es, ante todo, una entidad política moderna.
Tiene un gobierno, un parlamento, un sistema judicial, fuerzas armadas, instituciones económicas y relaciones internacionales.
Su legitimidad como Estado no depende de que reproduzca literalmente el sistema político del Antiguo Testamento.
También es importante reconocer que dentro de Israel existen corrientes religiosas judías, partidos de orientación religiosa y sectores del sionismo que interpretan la existencia del Estado desde perspectivas bíblicas.
Por tanto, sería una simplificación afirmar que Israel carece completamente de intereses religiosos.
Sin embargo, tampoco puede identificarse automáticamente cada decisión de su gobierno con la voluntad de Dios o con una orden bíblica.
Un gobierno moderno debe responder por sus decisiones ante el derecho internacional y los principios de los derechos humanos, independientemente de las justificaciones religiosas que puedan utilizarse.
Aquí encontramos uno de los mayores peligros de la interpretación política de la Biblia: convertir una promesa o un relato del Antiguo Testamento en una autorización ilimitada para las actuaciones de un Estado contemporáneo.
13. La cuestión palestina y la responsabilidad moral de los Estados
La situación palestina obliga a distinguir entre religión, identidad nacional y responsabilidad política.
El sufrimiento de la población palestina, los desplazamientos, la ocupación, la destrucción de infraestructuras y las consecuencias de las operaciones militares deben analizarse desde el derecho internacional humanitario y los derechos humanos.
La crítica a las decisiones del Gobierno israelí, a sus operaciones militares y a sus políticas territoriales es legítima y necesaria cuando existen fundamentos para ello.
También es legítimo exigir responsabilidades por posibles crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad.
En cuanto a la acusación de genocidio, debe utilizarse con rigor jurídico. Sudáfrica presentó una demanda contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia. En enero y mayo de 2024, la Corte ordenó medidas provisionales relacionadas con la protección de la población palestina y la prevención de actos comprendidos en la Convención sobre el Genocidio.
Es importante aclarar que esas medidas provisionales no equivalen a una sentencia definitiva que declare probado el genocidio.
La responsabilidad debe atribuirse a los actores e instituciones correspondientes, no a todos los judíos ni a toda la población israelí.
Ningún pueblo debe ser convertido en responsable colectivo de las decisiones de sus gobernantes.
14. La perspectiva bíblica: Dios no puede ser utilizado como instrumento político
Hay un principio teológico que debe mantenerse por encima de cualquier nacionalismo.
La Biblia no presenta a Dios como propiedad exclusiva de un gobierno, una bandera o una organización política.
En Deuteronomio 10:17 leemos:
«Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho».
Los profetas denunciaron repetidamente las injusticias cometidas por los propios gobernantes de Israel.
Amós 5:24 declara:
«Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo».
La elección de Israel en las Escrituras nunca significó una autorización para actuar injustamente.
De hecho, los profetas anunciaron juicio contra Israel precisamente por abandonar la justicia, oprimir al pobre y practicar la corrupción.
Isaías 1:17 ordena:
«Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda».
Por eso, ninguna interpretación bíblica debería utilizarse para justificar el sufrimiento de civiles, la expulsión injusta de poblaciones o la vulneración de los derechos humanos.
Conclusión: una cosa es el Israel de las Escrituras y otra el Estado contemporáneo
La cronología histórica nos permite comprender que el Israel bíblico atravesó numerosas transformaciones:
- Existieron doce tribus descendientes de Jacob.
- Se estableció una monarquía unificada bajo Saúl, David y Salomón.
- El reino se dividió en Israel y Judá.
- El reino del norte cayó ante Asiria en el 722 a. C.
- Judá sufrió las deportaciones babilónicas, especialmente en 597 y 586 a. C.
- Los exiliados regresaron bajo el dominio persa.
- El segundo templo fue terminado alrededor del 516-515 a. C.
- Las murallas de Jerusalén fueron reconstruidas alrededor del 445-444 a. C.
- En tiempos de Jesús existía una comunidad judía profundamente transformada respecto de la antigua organización tribal.
- En el año 70 d. C. Roma destruyó Jerusalén y el segundo templo.
- En 1947 la ONU recomendó la partición de Palestina.
- En 1948 se proclamó el Estado moderno de Israel.
La conclusión no debe ser que los judíos desaparecieron en el año 70 ni que el Estado actual carece de toda relación histórica con el antiguo Israel.
La conclusión es más precisa y, al mismo tiempo, más importante: el Estado moderno de Israel no es la antigua monarquía bíblica, no está organizado por las doce tribus y no puede reclamar que todas sus decisiones políticas sean automáticamente la voluntad de Dios.
La historia, la Biblia y el derecho internacional pertenecen a ámbitos diferentes, aunque puedan dialogar entre sí.
No debemos confundir una promesa religiosa con un título político ilimitado, ni una identidad ancestral con una autorización para ejercer el poder sin responsabilidad.
Porque, si algo enseñan los profetas de Israel, es que Dios no solamente juzgaba a las naciones extranjeras: también juzgaba a su propio pueblo cuando abandonaba la justicia.
La verdadera pregunta no es solamente quién puede llamarse Israel, sino si quienes utilizan ese nombre están dispuestos a practicar la justicia que el Dios de las Escrituras exige.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES
Fuentes bíblicas
- Génesis 29-35: genealogía de Jacob y origen de las tribus.
- Éxodo 19:3-6: alianza de Dios con Israel.
- Deuteronomio 10:12-19: justicia y carácter de Dios.
- 1 Samuel 8:1-22: petición de un rey.
- 1 Reyes 12: división del reino.
- 2 Reyes 17: caída del reino del norte.
- 2 Reyes 24-25: deportaciones y destrucción de Jerusalén.
- Esdras 1-6: retorno y reconstrucción del templo.
- Nehemías 1-6: reconstrucción de las murallas.
- Mateo 24:1-2: anuncio de la destrucción del templo.
- Amós 5:21-24: justicia por encima de la apariencia religiosa.
- Isaías 1:10-17: denuncia de la injusticia.
Bibliografía histórica y académica
- Grabbe, Lester L. (2015). Ezra-Nehemiah. Oxford Bibliographies in Biblical Studies. Oxford University Press.
- Knoppers, Gary N. (2013). Jews and Samaritans: The Origins and History of Their Early Relations. Oxford University Press.
- Schoors, Antoon (2013). The Kingdoms of Israel and Judah in the Eighth and Seventh Centuries B.C.E. Society of Biblical Literature.
- Valk, Jonathan (2020). “Crime and Punishment: Deportation in the Levant in the Age of Assyrian Hegemony”. Bulletin of the American Schools of Oriental Research, 384, 77-103.
- Schwartz, Seth (2009). “Historiography on the Jews in the Talmudic Period (70–640 CE)”. En The Oxford Handbook of Jewish Studies. Oxford University Press.
- Cohen, Shaye J. D., Horbury, William y Davies, W. D. (2008). The Cambridge History of Judaism. Cambridge University Press.
Documentación institucional y fuentes primarias
- Naciones Unidas (1947). Resolución 181 (II): Future Government of Palestine. Asamblea General, 29 de noviembre de 1947.
- Estado de Israel (1948). Declaración de Independencia de Israel, 14 de mayo de 1948.
- Corte Internacional de Justicia (2024). Application of the Convention on the Prevention and Punishment of the Crime of Genocide in the Gaza Strip (South Africa v. Israel). Órdenes sobre medidas provisionales de 26 de enero, 28 de marzo y 24 de mayo de 2024.